Pacto Criminal (Black Mass): Una mala película que se parece a buenas películas

Esta reseña originalmente estaba en Rocket Shoot, pero creo que ya no existe eso, así que ahora está por acá.

Si hay algo que realmente haga que sobresalga Pacto Criminal del resto del cine de gangsters contemporáneo son las actuaciones. La nueva cinta de Scott Cooper, protagonizada por Johnny Depp, es un relato sobre la amistad, el crimen y la lealtad, pero, más que eso, es una recopilación de actores inmensamente talentosos, que hacen de una historia que no es realmente interesante ni novedosa en una experiencia gratificante.

La película cuenta la historia real del criminal James Whitey Bulger, interpretado por Depp en uno de sus roles más interesantes en los últimos años, sus inicios, la construcción de su imperio en el sur de Boston, entre 1975 y 1994, sus excesos fuera de la ley, junto con su eventual caída y derrumbamiento, todo con el apoyo del FBI, de la mano de John Connolly, interpretado por Joel Edgerton, un amigo de la infancia de Bulger integrado al bureau, todo con el pretexto de atrapar a la mafia italiana.

Además de Depp y Edgerton, que aparecen constantemente en la cinta, tenemos a otros actores que tristemente aparecen menos, pero que ofrecen una actuación increíble. Benedict Cumberbatch, de Sherlock; y Kevin Bacon son algunos de estos. Otros menos conocidos, pero que son favoritos de un servidor son Jesse Plemons, de Breaking Bad; Rory Cochrane, de Dazed and Confused, y Adam Scott, de Parks and Recreations. Fuera de esto, no hay mucho más que alabar.

La cinematografía es buena, aunque nada especial; la ambientación parece estar bastante cuidada; pero los diálogos no son memorables, ni novedosos. Además, el uso de la violencia excesiva, es decir las tomas de muerte tras muerte tras muerte pueden llegar a ser cansadas, y no dicen lo suficiente como para justificar el hecho de que estén ahí. La influencia de la obra de Francis Ford Coppola y Martin Scorsese, que ayudaron a definir al cine de mafiosos como lo conocemos hoy en día, es demasiado notable. Aunque tal vez el problema no radique completamente en Pacto Criminal. Tal vez el problema es el cine de gánsteres en general.

El antihéroe como lo conocemos actualmente tiene su origen en los noventa, con Tarantino y Scorsese, principalmente, aunque es posible datarlo de algún tiempo atrás, a la película más famosa de Brian De Palma, Caracortada. Casi todo el cine de criminales después de este punto está enormemente influenciado por las historias de mafiosos graciosos que viven vidas glamorosas de estos autores. El aspecto aspiracionista, de fantasía, de lo ilegal parece que ha sido explotado hasta el cansancio. Tal vez sea momento en que pasemos a algo más, tal vez a un cine menos glorificante de las personas que rompen la ley. Hasta eso, Pacto Criminal es bastante consciente de lo que hace, muestra más las consecuencias reales de lo que implica el crimen organizado. Tal vez es un paso en el camino correcto, pero no lo suficiente para considerarlo realmente distinto.

Pero bueno, al menos las actuaciones y el vestuario son buenos.

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