Se7en (1995): La ciudad es el verdadero villano de la historia

Ficha técnica

Título: Se7en

Dirección: David Fincher

País: Estados Unidos

Año: 1995

Fecha de estreno: 12/01/1996

Duración: 127 min

Género: Criminal, Thriller, Intriga

Reparto: Brad Pitt, Morgan Freeman, Gwyneth Paltrow, R. Lee Ermey, Andrew Kevin Walker, Daniel Zacapa, John Cassini, Bob Mack, Peter Crombie, Reg E. Cathey

Distribuidora: Líder Films

Productora: New Line Cinema

Descripción de la película

Somerset, un detective tratando de establecer un orden dentro del caos de la ciudad. Tras una larga carrera, el desilusionado detective decide retirarse finalmente en busca de la tranquilidad, enfrentándose a su último caso con su eficiencia rutinaria, un peculiar fatalismo tácito y un novato compañero recién llegado a la ciudad. Mills, el sucesor, aparenta una seguridad ficticia que la mayoría percibe y sólo Tracy, su esposa, aprecia. Esta pareja dispareja, refleja una dualidad típica de numerosas películas policíacas, compuestas por el sabio veterano y el novato entusiasta.  Ambos deben dejar a un lado sus diferencias y trabajar en conjunto para lograr atrapar a un misterioso asesino que predica por medio de crímenes inspirados en los siete pecados capitales. La lluvia, la oscuridad y el ruido invaden la ciudad, generando un ambiente caótico que desequilibra y cuestiona a los personajes, así como al desarrollo de la historia.

Introducción

La pizarra ha alistado los pecados. Somerset cita a al casero de Víctor, Mills lo ve con incredulidad. Las máquinas de escribir llenan el ambiente, casos sin resolver llenan los escritorios, los teléfonos no paran de sonar y el caos se siente en la comisaría. Mills impaciente escucha las especulaciones de Somerset, quien admira cada vez más al Yoda asesino. Somerset sale apresurado sin explicación alguna, Mills tras de él. Biblioteca; pizzería; barbería; calle; departamentos; pasillos; cuartos; teatro abandonado; de vuelta a la calle; autos; basura, gentío y finalmente, un callejón. Todo el caos concentrado en un solo espacio, la ciudad.

La ciudad es el concepto más acabado de la habitación humana. […] la ciudad se sitúa como el extremo de la construcción social. No importa que tan desarrollada o subdesarrollada esté la ciudad, ya que con sus casas o edificios, con sus calles y puentes, con sus servicios de energía y agua, con sus lugares de reunión pública, con su telaraña de cables aéreos o subterráneos, con sus redes de tuberías y desagües; todas las ciudades son reflejo de un concepto último: la posibilidad de vivir rodeado por el imperio de los objetos humanos y así, sentirnos seguros (López: 2013: 1).

De acuerdo con Matterlart (2000) la ciudad ha sido vista como el espacio en el cual puede accederse a un mundo mejor, para y por los hombres. El lugar en donde se crea una seguridad que nos permita desarrollarnos socialmente. Esta idea se discute en el momento en el que la seguridad que pretende brindar la ciudad se corrompe por elementos que surgen de esta misma.

Por medio de la imagen, el sonido, la puesta en escena, así como la trama y la narrativa, Se7en refleja esta idea, en donde la seguridad de la ciudad se ve amenazada por aquello que la conforma. El orden de ésta, se basa en el caos.  

En su artículo El cine y la ciudad, Pierre Sorlin describe dos maneras principales en las que se utiliza a la ciudad en la pantalla grande. La primera es como simplemente un escenario, un contexto en el que suceden las cosas. La segunda, como en Se7en, es aquella en la que la ciudad es antropomorfizada, en las que adquiere rasgos y cualidades morales humanas, en las que sus habitantes la representan (Sorlin, 23).

La primera vez que notamos el desdén, incluso desprecio, que los personajes sienten hacia la enorme ciudad sin nombre de la película, fue en la escena posterior al descubrimiento del cuerpo mutilado del abogado Eli Gould. En esta secuencia, el capitán de policía entra a la oficina del detective Somerset, y comienzan a platicar sobre la vida después del retiro de este último. Es en esta parte cuando Somerset por primera vez se refiere a el lugar en el que vive como un lugar que no entiende. No es la última vez en la cinta que el detective se refiere a la ciudad de esta manera.

Otros personajes, como Tracy, la esposa del detective Mills, e incluso el principal antagonista de la historia, John Doe, se refieren a la ciudad como un lugar que les es ajeno. Constantemente vemos a personajes que habitan la ciudad, pero que no son parte de la misma. Podríamos hablar incluso de que la ciudad está conformada por completo por personas que se sienten externas a ella. A pesar de no ser éste el tema principal de la película, la ciudad nos parece un punto en extremo importante para la misma, sin el cual la historia se llevaría a cabo de una manera muy diferente. Por esta razón decidimos concentrarnos en la manera en la que en la ciudad se establece un orden por medio del caos, y cómo este orden influye en el desarrollo de los personajes.

Cuerpo

Dentro de Se7en podemos identificar varios momentos en los cuales la seguridad que pretende brindar la ciudad se ve corrompida. El trabajo de los detectives consiste en restablecer este orden y relegar a todo aquel que represente un peligro potencial. Sin embargo, personajes como Somerset y el asesino John Doe, actúan constantemente fuera de lo legítimo para acercarse al ideal de orden que cada uno establece desde su propia trinchera.

Por un lado, Somerset obtiene los mayores hallazgos del caso por medio de herramientas y acciones que no obedecen la lógica de lo legal. Ya sea la irrupción en una zona de crimen en deshoras de trabajo, el uso de su navaja y/o la información comprada del FBI, todas estas acciones no son del todo legales. En el caso de John Doe, es aún más drástica la distancia entre lo establecido, y sus ideales de justicia, así como sus maneras de aplicarlas. El mismo FBI traspasa la privacidad de los ciudadanos para  el resguardamiento de la seguridad. Ya que, como menciona Somerset “Legal. Ilegal. Estos términos no tienen relevancia” para  la ciudad. Lo único que importa es hacer lo correcto.

Retomando a Bauman, el ser humano, especialmente en la sociedad contemporánea, es gobernado por la incertidumbre. Este miedo a lo desconocido se ve reflejado constantemente en nuestra relación con el otro (Bauman:2004:171). El otro se tipifica como un extraño por desconocido, un portador de lo imprevisible, dotándolo automáticamente de un potencial peligro. El “otro” es una amenaza para nosotros, ya que atenta y cuestiona nuestro orden social. Para evitar cualquier peligro, el extraño debe de permanecer fuera de nuestro lugar propio, fronteras deben ser creadas, no sólo físicas sino también clasificatorias, y castigos deben de ser impuestos a todo aquel que sea diferente. Se establece un orden social.

Dentro de Se7en aquellos que conforman la ciudad son un claro ejemplo de la tipificación de una clase de extraño contemporáneo. Esa falta de conocimiento y extrañeza por parte de los personajes principales es lo que les impulsa ya sea a tratar de sobrevivir a la ciudad, tratar de comprenderla o estableciendo su propio orden social.  Tracy, siendo víctima de la ciudad, busca los consejos y la experiencia de Somerset para resistir el caos, que finalmente termina por devorarla. Somerset se sumerge en libros, cuentos y novelas, con la esperanza de darle un poco de sentido al mundo que le rodea, tratando de comprender lo incomprensible. En cambio John Doe prefiere hacer justicia propia, predicando la palabra divina por medio de asesinatos prodigiosos, tratando de organizar lo no organizable. Alteridad a fin de cuentas.

Estructuralmente David Fincher nos sorprende con cada elemento que pone en escena. Ya sea en imagen, sonido o montaje, parece que nada es fortuito dentro de Se7en, todo tiene un significado y un fin de ser que desarrolla la trama, tridimensionaliza a los personajes y dota de sentido. El lenguaje de la cámara es meticuloso. La angulación de la cámara establece relaciones de poder, utilizando picados, contrapicados y cenitales. Los movimientos se suavizan o intensifican de acuerdo a la atmósfera, como bien puede visualizarse en la escena de la biblioteca, en donde la cámara baila con Bach, o la llegada al departamento de Víctor en donde todo es a base de cámara en mano. Se generan contrastes que hacen más evidente el desorden de la ciudad.

La profundidad de campo en la mayoría de planos de es bastante corta, por lo que solo vemos aquello que el autor quiere mostrarnos. Varios rostros quedan ocultos, alejándonos y viendo al otro como posible peligro. Todos resultan sospechosos. El manejo de la luz es uno de los elementos con mayor importancia. Nos topamos con una dualidad entre la luz y la oscuridad constantemente, siendo un símbolo de lo conocido y lo desconocido, de la claridad y la confusión, de la razón y lo incomprensible. La oscuridad domina la historia, hundiéndonos en un espacio de confusión e incertidumbre, siendo la secuencia del final el único momento en el que vemos la luz del día en su mayor esplendor, el único momento en el que parece que la confusión se desvanece y el caso es resuelto. El claroscuro domina la película, tornando el ambiente en tétrico, se contornean los personajes y se estiliza la muerte, colocando los asesinatos como secciones de una gran pieza de arte, que Somerset parece admirar en gran medida.

Siempre de la mano con el uso de la luz, la temperatura utilizada nos transmite aún más este ambiente confuso, desesperanzador y tétrico. Los tonos van de grises a azules, siendo fríos en la mayoría del tiempo. Así como con la luz, no es hasta la escena final en la que la temperatura se satura, moviéndonos a colores más cálidos. Los encuadres también nos hablan todo el tiempo, ya sea por medio de extreme close ups que generen tensión o por medio de planos generales que nos sitúen en un espacio y tiempo determinado. Fincher determina perfectamente la tipología de planos adecuada para una mejor generación de sentido, definiendo a la ciudad como un espacio activo y caótico.

El sonido es una de las herramientas más poderosas dentro de Se7en. Esta sensación del caos no sería lo mismo sin las constantes sirenas, helicópteros, murmullos  y claramente, la lluvia. El reloj y el metrónomo son representaciones de la búsqueda de un ritmo, de un equilibrio, que finalmente no logramos encontrar. Algo que nos parece bastante curioso y nos ayuda a mostrar nuestra premisa por medio del audio, es la pieza sonora de la secuencia de los créditos. Es una pieza que puede causar conflicto por los sonidos utilizados, claramente no nos provoca tranquilidad. Representa este caos constante que pocos logran entender pero que al final de cuentas tiene su propio ritmo. Se crea una composición que si se analiza atentamente es una verdadera joya.  De la misma forma la ciudad se genera de manera caótica, interviniendo a todo aquel que la habite y aunque pareciese disfuncional, funciona, desarrollándose a partir del desorden.

El montaje aporta otra cereza al pastel, yuxtaponiendo imágenes y sonido, en un solo discurso, generando un sentido. Al igual que el sonido y la imagen, el montaje adquiere un ritmo de acuerdo con la sensación, narrativa e intención de cada escena. Los cambios abruptos de imagen, junto con los cambios de ritmo sonoro nos mantiene constantemente en un estado de tensión que difícilmente podemos ignorar. Se nos muestra información gradualmente, dándonos pie a pensar y repensar lo que se observa en pantalla. Se realizan montajes paralelos que no solo complementan la narrativa sino que se contrastan con otro tipo de montajes, enfatizando el caos. Nuevamente retomamos como ejemplo la secuencia del Trabajo policíaco en donde el montaje es suave y sutil en ciertas partes, mientras que en la secuencia de créditos la imagen se distorsiona, la cual podría interpretarse como la mirada deformada de la mente maestra de los asesinatos. El montaje habla por sí solo.

Sorlin explica que “las ciudades cinematográficas siempre han sido, y siguen siendo lugares peligrosos” (Sorlin, 25). En este sentido, Se7en se establece no como extraño, sino, más bien, de acuerdo a la manera en la que, históricamente, se ha visto a la ciudad en el cine. Como hemos apuntado anteriormente, La Ciudad no es un simple escenario en el que suceden las acciones, es mucho más un espacio simbólico, algo así como una fuerza cuasi-fantasmal que todo el tiempo está presente y que en ocasiones se manifiesta a través del cuerpo de diferentes personajes. En ese sentido, La Ciudad es como el hotel Overlook de la cinta El Resplandor, de Stanley Kubrick.

La Ciudad de Se7en no es una ciudad real. Al igual que el resto de las ciudades que comúnmente son retratadas en la pantalla grande, La Ciudad no intenta ser realista, sino, más bien, pretende ser un símbolo de algo, una representación de algo más grande. Que en este caso sería el pecado. Parte de esto se puede apreciar en el hecho de que no tiene un nombre como tal. “[… L]as metrópolis filmadas siempre [aparecen como] más peligrosas que las ciudades reales” (Sorlin, 25).

La Ciudad representa distintas cosas para distintos personajes. Sin embargo, en todos los casos simboliza cosas negativas. Para John, es una nueva Sodoma y Gomorra, para Mills, un lugar lleno de locos, para Somerset, un espacio incomprensible, que no puede cambiarse, que no quiere héroes, y para Tracy, un lugar que la hace sentir sola, ajena al resto. Nadie se siente cómodo en La Ciudad, ni se siente bienvenido en ella. Esto resulta curioso al momento de contrastarlo con algo de lo que resaltamos al principio del escrito.

La ciudad fue creada para resguardar al humano de su entorno, para mantenerlo seguro, según Mattelart (2000). Los grandes espacios resguardados separaron al humano de su contexto, de cualquier peligro que puede venir del exterior. Fue en este punto en el que el propio hombre comenzó a significar una amenaza cada vez más grande para sí mismo. La ciudad, más que protección, se vuelve una prisión. Así funciona, entonces, la Ciudad en Se7en. Más que un espacio de convivencia, es un sitio de obligada interacción entre personajes que no se conocen entre sí. En Se7en, cualquiera que no es uno mismo puede ser un criminal. Hasta dónde saben los personajes de la historia, cualquiera puede ser el culpable. Más bien, hasta dónde saben, cualquier persona es el culpable.

Para explicar lo anterior en términos de la película, nos interesa hablar de una secuencia en particular. Esta secuencia ha sido nombrada como Golpe de suerte, y abarca desde el minuto 61:45 hasta el minuto 76:47.

En esta secuencia seguimos a los detectives protagonistas de la película por varios lugares de la ciudad. Desde la comisaría de policía, hasta el departamento de un posible sospechoso, que acaba siendo el asesino, pasando por restaurantes y otros establecimientos de la ciudad. Esta secuencia es una de las que en mayor medida presenta una variedad en los espacios en los que las acciones ocurren. Más importante, incluso, es que las escenas en esta secuencia nos permite observar, más que otras escenas, a muchos otros personajes que no son los protagonistas de la película. Para explicar más a fondo esto, consideramos que lo mejor sería tratar de describir la secuencia.

Esta parte de la película comienza con una pizarra en la que se enumeran los siete pecados capitales. Tres de los pecados han sido tachados, pues ya se encontraron a tres de las víctimas. Este momento es muy importante para la película, los detectives ya han descifrado el plan del asesino, pero no tienen idea alguna de quién es el asesino. No han podido recobrar alguna pista importante, como muestras de ADN o huellas dactilares. El asesino, se nos ha dicho, es escurridizo, paciente, y es capaz de planear con extrema anticipación. Un genio del crimen anónimo, pues, que podría ser cualquiera.

Somerset y Mills discuten sobre el hecho de que, según el detective más joven, deberían de estar allá afuera, investigando en vez de esperar a que el loco, como lo llama él, actúe de nuevo. En este punto, la toma se abre para mostrarnos una sala llena de escritorios, que anteriormente estaban vacíos, que ahora se encuentra habitada por una gran cantidad de otros sujetos, muchos de los cuales vemos por primera vez.

Después de esto, Somerset y Mills salen de la oficina, mientras que hacen una lista de los posibles libros que el asesino pudo haber investigado al momento de planear sus crímenes. En las escaleras de la comisaría sube un viejo que se les queda mirando a los detectives. Un par de escenas después, se nos muestra un plano de establecimiento de una pizzería, sin embargo, en esta toma se nos muestra a un joven, que vemos solamente desde el cuello para abajo, que entrega cupones de descuento a otros transeúntes anónimos. Esta toma es única en el sentido de que no nos muestra ninguno de los personajes principales. Solamente son cuerpos desconocidos los que vemos, cualquiera de ellos puede ser el asesino.

Poco después, dentro del establecimiento de comida, llega un desconocido a la mesa de los detectives. Luego sabemos que es un conocido de Somerset, pero igual aparece como un elemento externo a lo que hemos visto anteriormente. En la barbería, la escena posterior, la mirada de Somerset se fija en uno de los estilistas del lugar. Hasta este momento, cualquier persona que no hayamos conocido anteriormente puede ser el culpable, es decir, presenta una amenaza para los personajes que sí conocemos. Una vez que encuentran el departamento del asesino, y que el asesino los encuentra a ellos, las cosas cambian, al menos en el sentido de quién representa una amenaza para quién.

En el espacio público de las calles de la ciudad, los otros son el peligro. En el edificio de departamentos, un espacio privado, que debería representar un confort para los inquilinos, una protección de fuera. Para los inquilinos del edificio los policías presentan una amenaza al mismo nivel que el asesino. Al igual que John, Mills apunta su arma a los habitantes, patea puertas, entra en los cuartos, y rompe las ventanas. Es muy clara esta idea al momento de que John y Mills cruzan entre partes del complejo de ventana a ventana, las personas de los pisos de arriba les lanzan basura a ambos por igual. Para decirlo de otra manera, en el microespacio del edificio, que se encuentra dentro del espacio mayor que es La Ciudad, cualquiera que sea externo no es bienvenido, sea quien sea. Cualquiera que disrumpa es considerado como indeseado.

Conclusión: Reflexión crítica

A partir del análisis de la trama, las imágenes, los personajes y muchos otros elementos, pudimos reafirmar la idea de que La Ciudad dentro de Se7en como espacio es un componente indispensable para la cinta en general, el desarrollo de su narrativa al igual que la de los personajes de la misma. La Ciudad parece omnipresente, conformando de alguna u otra manera a los propios personajes, siendo el mundo humano una expresión de la ciudad, así como la ciudad una expresión del mundo humano.

Ahora bien, como se mencionó en un comienzo, la ciudad es construida para resguardar al ser humano del entorno natural. En el momento en el que la naturaleza deja de presentar un peligro para el humano, el mayor peligro lo representa el mismo humano. Dentro de Se7en dicha idea queda claramente representada. Aquellos que habitan el espacio exigen una seguridad que difícilmente obtendrán, ya que a pesar de que la ciudad parece ajena a todas las personas que viven ahí, en cierto punto es lo que las conforma.

En este sentido, podemos señalar el hecho de que la urbe de la cinta no es un espacio que exista en el mundo real. Es una mezcla de elementos de espacios metropolitanos existentes que sirven, más bien, como representación de algo, como un símbolo de lo que significaba la ciudad a finales del siglo XX en norteamérica. Es decir, como un espacio de pecado y de pudrición moral, que refleja los miedos y las inseguridades de las personas que ahí habitan.

Finalmente, podemos constatar que el orden social impuesto dentro de la narrativa está basado en el desorden, en la confusión y en el caos.

Bibliografía

  • Bauman, Z. (2007). Miedo líquido : la sociedad contemporánea y sus temores. Paidós: Barcelona, España.
  • López-Ramírez, M. E. (2013). Pensar la ciudad. ITESO.
  • Mattelart, A. (2000). Historia de la utopía planetaria: de la ciudad profética a la sociedad global, Edit. Paidós, Barcelona.
  • Sorlin, P. (2001). El cine y la ciudad: una relación inquietante. Secuencias: Revista de historia del cine, (13), 21-28.

Un pensamiento en “Se7en (1995): La ciudad es el verdadero villano de la historia

  1. Gracias por compartir. Lo que colocas como descripción yo lo nombraría sinopsis. Me gusta mucho la forma en que abordas la ciudad, desde las ideas de autores refuerzas lo que se construirá como un relato/análisis sobre el espacio que tendrá como referente la película, muy bien. La intro es muy buena, solamente la complementaría con algunos párrafos en donde anticiparas de forma más clara lo que te el lector encontrará en el texto. La referencia a Bauman me parece muy pertinente y te permite trabajar tu idea de ciudad/espacio junto con la evidencia de la película, esencialmente con la mirada puesta sobre los personajes. Le llegas muy bien al asunto la ciudad como… muchas cosas que colocas, me gusta que se teje muy bien con el relato y al final se refuerza con la colocación de una sola secuencia. muy buen trabajo. “el mundo humano una expresión de la ciudad, así como la ciudad una expresión del mundo humano” interesante… aquí podrías profundizar en la forma en que la puesta en escena trabaja dentro de una narrativa, ya sea acompañamiento y potencializador o protagonista. Me hubiera gustado que trabajaras con un poco más de detalle el asunto del orden y el caos, como conceptos complementarios, así como trabajaste la idea de ciudad, creo que son dos conceptos que tocas al principio y al final, pero que se desdibujan un poco en el texto. Celebro la claridad de texto, lectura fácil e interesante. 100

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